sábado, 29 de noviembre de 2008

BALARĀMA MATA A LOS DEMONIOS - 5º Parte



BALARĀMA MATA
A ROMAHARŞAŅA SŪTA


Una vez, el Señor Balarāma oyó que se estaba organizando un combate entre los dos bandos rivales de la dinastía Kuru, uno encabezado por Duryodhana y el otro por los Pāņdavas. A Él no le gustó la idea de que iba a servir solamente de mediador para detener la lucha. Siendo insoportable para Él no tomar parte activa a favor de ninguno de los bandos, abandonó Dvārakā con el pretexto de visitar diversos lugares santos de peregrinaje.

En primer lugar, visitó el sitio de peregrinaje conocido como Prabhāsakşetra. Se bañó allí y apaciguó a los brāhmaņas locales, y ofreció oblaciones a los semidioses, pītas, grandes sabios y gente en general, de acuerdo con las ceremonias rituales védicas. Ése es el método védico de visitar los lugares santos. Después de esto, acompañado por algunos brāhmaņas respetables, decidió visitar diferentes lugares que en encontraban en la ribera del río Sarasvatī.

Gradualmente visitó lugares tales como Pŗthūdaka, Bindusara, Tritakūpa, Sudarśanatīrtha, Viśālatīrtha, Brahmatīrtha y Cakratīrtha. Además de éstos, también visitó todos los lugares santos de la ribera del Yamunā y de la ribera del Ganges. Así pues, gradualmente llegó el lugar santo conocido como Naimişāraņya.



Este lugar santo, Naimişāraņya, aun existe en la India, y en tiempos antiguos se usaba especialmente para las reuniones que realizaban grandes sabios y personas santas con el propósito de comprender la vida espiritual y la autorrealización. Cuando el Señor Balarāma visitó este lugar, una gran asamblea de trascendentalistas estaba ejecutando un sacrificio. Tales reuniones estaban planeadas para que duraran miles de años.

Cuando el Señor Balarāma llegó, todos los participantes de la reunión —grandes sabios, ascetas, brāhmaņas y eruditos entendidos— inmediatamente se levantaron de sus asientos y le dieron la bienvenida con gran honor y respeto. Algunos le ofrecieron respetuosas reverencias y aquellos que eran sabios y brāhmaņas mayores, le ofrecieron bendiciones poniéndose de pie. Después de esta formalidad, al Señor Balarāma se le ofreció un asiento adecuado, y todos los presentes lo adoraron.

Todo el mundo en la asamblea se puso de pie ante la presencia de Balarāma, porque sabían que es la Suprema Personalidad de Dios. Educación o erudición significa comprender a la Suprema Personalidad de Dios; por lo tanto, a pesar de que el Señor Balarāma apareció en la Tierra como un kşatriya, todos los brāhmaņas y sabios se levantaron porque sabían quién era el Señor Balarāma.

Desafortunadamente, después de ser adorado y de estar sentado en Su lugar, el Señor Balarāma vio que Romaharşaņa, el discípulo de Vyāsadeva (la encarnación literaria de Dios), se encontraba aún sentado en el vyāsāsana. Él no había levantado de su asiento ni le había ofrecido respetos. Debido a que estaba sentado en el vyāsāna, tontamente se creyó más grande que el Señor; de modo que no se bajó de su asiento ni se postró ante el Señor. El Señor Balarāma pensó entonces en la historia de Romaharşaņa: él nació de una familia sūta, o familia mixta, de una mujer brāhmaņa y un hombre kşatriya. En consecuencia, a pesar de que Romaharşaņa consideraba a Balarāma un kşatriya, no debió haberse quedado sentado en un asiento más elevado.

El Señor Balarāma consideró que Romaharşaņa, de acuerdo con su posición por nacimiento, no debió haber aceptado el asiento más elevado, pues había muchos sabios y brāhmaņas eruditos presentes. También observó que Romaharşaņa no solamente no se había bajado de su excelso asiento, sino que ni siquiera se había levantado para ofrecer sus respetos al entrar Balarāmajī en la asamblea. Al Señor Balarāma no le gustó la audacia de Romaharşaņa, y se disgustó mucho con él.

Cuando una persona está sentada en el vyāsāna, generalmente no se tiene que levantar para recibir a una persona en particular que entra en la asamblea, pero en este caso la situación era diferente, porque el Señor Baladeva no es un ser humano ordinario. Por consiguiente, a pesar de que todos los brāhmaņas eligieron a Romaharşaņa Sūta para que se sentara en el vyāsāna, él debió haber seguido el comportamiento de otros brāhmaņas y sabios eruditos que estaban presentes, y debió haber sabido que el Señor Balarāma es la Suprema Personalidad de Dios. A Él siempre se le debe respeto, si bien ese respeto puede dejar de darse e el caso de un hombre ordinario.

El propósito de las apariciones de Krishna y de Balarāma es especialmente el restablecer los principios religiosos. Como se dice en El Bhagavad-gītā, el principio religiosos más elevado es rendirse a la Suprema Personalidad de Dios. También se confirma en El Śrīmad-Bhāgavatam que la perfección más elevada de la religión es estar ocupado en el servicio devocional al Señor.

Cuando el Señor Balarāma vio que Romaharşaņa Sūta no comprendía el principio más elevado de la religión a pesar de haber estudiado todos los Vedas, ciertamente no pudo apoyar su posición. A Romaharşaņa Sūta se le había dado la oportunidad de convertirse en un brāhmaņa perfecto, pero debido a su mal comportamiento en su relación con la Suprema Personalidad de Dios, de inmediato se recordó su bajo nacimiento. A Romaharşaņa Sūta se le había dado la posición de brāhmaņa, pero él no había nacido de la familia de un brāhmaņa; él había nacido de una familia pratiloma.

De acuerdo con el concepto védico, hay dos clases de linajes familiares mixtos. Se llaman anuloma y pratiloma. Cuando un hombre se une con una mujer de casta más baja, la prole se llama anuloma; y cuando un hombre se une con una mujer de una casta más elevada, la prole se llama pratiloma. Romaharşaņa Sūta pertenecía a la familia pratiloma, pues su padre era un kşatriya y su madre era una brāhmaņa. Debido a la que la iluminación trascendental de Romaharşaņa no era perfecta, el Señor Balarāma recordó su herencia pratiloma. Lo que ocurre es que a cualquier hombre se le puede dar la oportunidad de convertirse en un brāhmaņa sin verdadera iluminación, entonces su elevación a la posición brahmínica no es válida.

Después de ver la falta de iluminación Romaharşaņa Sūta, el Señor Balarāma decidió castigarlo por engreído. Así pues, el Señor Balarāma dijo: «Este hombre debería recibir la pena de muerte, pues aunque tiene la buena cualidad de ser un discípulo del Señor Vyāsadeva, y a pesar de que ha estudiado toda la literatura védica con esa inminente personalidad, no fue sumido ante la Suprema Personalidad de Dios».

Como se afirma en El Bhagavad-gītā, una persona que en realidad es brāhmaņa y es muy erudito, automáticamente se vuelve también muy manso. En el caso de Romaharşaņa Sūta, a pesar de que era muy erudito y se le había dado la oportunidad de convertirse en un brāhmaņa, no se había vuelto manso. De este modo podemos aprender que cuando uno está engreído por la adquisición material, no puede adquirir el comportamiento manso, propio de un brāhmaņa.

La erudición de una persona es igual a un joya valiosa que decora la cabeza de una serpiente. A pesar de la valiosa joya que pudiera encontrarse sobre la cabeza de una serpiente, ésta sigue siendo una serpiente, y es tan temible como una serpiente ordinaria. Si una persona no se vuelve mansa y humilde, todos sus estudios de los Vedas y de los Purāņas, y su vasto conocimiento de los śāstras, simplemente se vuelven un vestido externo, tal como el disfraz de un artista de teatro que baila en el escenario.



El Señor Balarāma pensó lo siguiente: «He aparecido con el propósito de castigar a las personas falsas que internamente son impuras pero que externamente se hacen pasar por muy eruditas y religiosas. El hecho de que yo mate a esas personas es lo correcto, para impedirles que cometan actividades pecaminosas ulteriores.

El Señor Balarāma había evitado participar en la Batalla de Kurukşetra, pero aun así, debido a Su posición, el restablecimiento de los principios religiosos era Su deber principal. Considerando estos puntos, mató a Romaharşaņa Sūta simplemente golpeándolo con una paja kuśa, que no era más que una brizna de hierba.

Si alguien pregunta cómo el Señor Balarāma pudo matar a Romaharşaņa Sūta simplemente al golpearlo con una brizna de hierba kuśa, la respuesta se da en El Śrīmad-Bhāgavatam mediante el uso de la palabra prabhu (amo). La posición del Señor es siempre trascendental, y debido a que Él es omnipotente, puede actuar como guste, sin estar obligado a seguir las leyes y principios materiales. Así pues, Él pudo matar a Romaharşaņa Sūta golpeándolo simplemente con una brizna de hierba kuśa.

Con la muerte de Romaharşaņa Sūta, todos los presentes se afligieron mucho, y hubo rugidos y gritos. A pesar de que todos los brāhmaņas y sabios presentes sabían que el Señor Balarāma es la Suprema Personalidad de Dios, no vacilaron en protestar la acción del Señor, y humildemente expusieron lo siguiente:

«Querido Señor nuestro, creemos que Tu acción no está de conformidad con los principios religiosos. Querido Señor Yadunandana, hemos de informarte que nosotros los brāhmaņas colocamos a Romaharşaņa Sūta en esa posición elevada, por todo el tiempo que durara este gran sacrificio. Él estado sentado en el vyāsāsana porque nosotros lo elegimos, y cuando una persona está sentada en el vyāsāsana, es incorrecto que se levante para recibir a alguien.

Además, le otorgamos a Romaharşaņa Sūta un lapso de vida ininterrumpido. Ante esas circunstancias, ya que Su Señoría lo ha matado sin conocer todos esos hechos, creemos que Su acción ha sido igual a la de matar a un brāhmaņa.

Querido Señor, salvador de todas las almas caídas, sabemos con certeza que Tú eres el conocedor de todos los principios védicos. Tú eres el amo de todo poder místico; por lo tanto, generalmente las normas védicas no se pueden aplicar a Tu personalidad. Pero Te pedimos que les otorgues Tu misericordia sin causa a las demás personas, teniendo la bondad de expiar esta acción de haber dado muerte a Romaharşaņa Sūta. Sin embargo, no sugerimos qué tipo de acto debes ejecutar para expiar el haber dado muerte; tan solo sugerimos que adoptes un método de expiación para que otros sigan Tu acción. El hombre ordinario sigue lo que hace una gran personalidad.

El Señor respondió:

«Sí, debo expiar esta acción, la cual puede que haya sido correcta para Mí, pero es incorrecta para otros; por consiguiente, creo que es Mi deber ejecutar un acto de expiación adecuado, prescrito en las Escrituras autorizadas. Simultáneamente, también puedo darle la vida otra vez a este Romaharşaņa Sūta, con una larga duración, suficiente fuerza, y pleno poder de los sentidos. No solamente esto, si lo desean, Me complacerá el otorgarle a él cualquier otra cosa que ustedes pidan. Me agradaría mucho otorgar todos estos dones para complacer sus deseos».

Esta afirmación del Señor Balarāma confirma de un modo definitivo, que la Suprema Personalidad de Dios tiene la libertad de actuar de cualquier manera. Si buen puede que se considere que Su acción de darle muerte a Romaharşaņa Sūta era incorrecta, Él podía contrarrestar la acción de inmediato, con mayores beneficios para todos. Por consiguiente, uno no debe imitar las acciones de la Suprema Personalidad de Dios, tan solo se deben seguir las instrucciones del Señor. Todos los grandes sabios y eruditos sabios allí presentes, se dieron cuenta de que aunque consideraran incorrecta la acción del Señor Balarāma, el Señor podía de inmediato compensarla con mayores beneficios.

No queriendo menospreciar la misión del Señor de matar a Romaharşaņa Sūta, todos ellos oraron: «Querido Señor nuestro, el uso poco común de Tu arma kuśa para matar a Romaharşaņa Sūta puede permanecer tal como es; debido a Tu deseo de matarlo, el no debe ser vuelto de nuevo a la vida. Al mismo tiempo, Su Señoría debe recordar que nosotros los sabios y brāhmaņas le dimos voluntariamente una larga vida; luego esa bendición no debe ser anulada».

Así pues, el pedido de todos los que brāhmaņas eruditos de la asamblea era ambiguo, pues querían mantener intacta la bendición que ellos dieron de que Romaharşaņa Sūta viviría hasta el final del gran sacrificio, y al mismo tiempo no querían anular el hecho de que Balarāma le hubiera dado muerte.

Así pues, la Suprema Personalidad de Dios resolvió el problema de una manera propia de Su excelsa posición, y dijo:

«Debido a que el hijo se produce del cuerpo del padre, es disposición de los Vedas que el hijo es el representante del padre. Por consiguiente, digo que Ugraśravā Sūta, el hijo de Romaharşaņa Sūta, de ahora en adelante debe tomar la posición de su padre y continuar los discursos sobre los Purāņas, y ya que ustedes querían que Romaharşaņa tuviera un largo lapso de vida, esa bendición será transferida a su hijo. El hijo, Ugraśravā, tendrá entonces todas las facilidades que ustedes ofrecieron: un largo lapso de vida en un cuerpo bueno y sano, sin ninguna perturbación, y con plena fuerza de los sentidos».

El Señor Balarāma le imploró luego a todos los sabios y brāhmaņas, que además de la bendición ofrecida al hijo de Romaharşaņa, le pidieran alguna otra bendición, y Él estaría dispuesto a ofrecerla de inmediato. El Señor se colocó de esta manera en la posición de un kşatriya ordinario, y les informó a los sabios que no sabía de qué manera podía expiar el haberle dado muerte a Romaharşaņa, pero que Él estaría dispuesto a aceptar cualquier cosa que ellos sugirieran. Los brāhmaņas podían comprender el propósito del Señor, y, por ello, sugirieron que expiara Su acción de una forma que fuese benéfica para ellos.


La sugerencia de los brāhmaņas fue que matara a un demonio de nombre Balvala quien creaba grandes disturbios cada vea que ellos realización sus deberes en el sacrificio brāhmínicos. Los brāhmaņas le dijeron que luego de liberarlos de la influencia del demonio Balvala, podría continuar recorriendo los lugares sagrados de peregrinaje y quedaría libre de toda contaminación. Esto da lugar a un nuevo pasatiempo que lo relatamos en la próxima entrada de este blog.

Texto extraído de: “Libro de Krishna – Cap. 77, titulado: «La matanza de Dantavakra, Vidūratha y Romaharşaņa».

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